"La poesía es como un relámpago"
José Jiménez Lozano.
Premio Cervantes 2.002

viernes, 11 de marzo de 2011

«Toros, política y otras hierbas en Cataluña» (Albert Boadella)

“Estoy aquí como simple aficionado”
De esta manera empezó la charla el  dramaturgo catalán, Albert Boadella, director de la compañía de teatro Els Joglars y activo autor del teatro, el pasado 29 de enero  en la XIV Jornadas Taurinas de Arévalo, charla titulada «Toros, política y otras hierbas en Cataluña».

Yo también soy un simple aficionado y como tal me gustaría haceros partícipes del resto de la conferencia, muy interesante a mí entender, y sin intención de polemizar en un asunto donde no todos estamos de acuerdo.

Seguimos por tanto con la charla.

“He vivido mucho tiempo en “territorio comanche” – Cataluña – y desde el año 63 o 64 mi tío Ignacio me llevaba a los toros en la Monumental de Barcelona.
En aquel momento, lo que yo veía en la plaza era la vida auténtica. Lo del exterior yo no lo conocía, por eso, al domingo siguiente con los la idea de ir a los toros, mi corazón palpitaba fuertemente y de mayor, claro, quería ser torero. No pude ser torero porque en la tierra en que nací se han criado muchos cerdos pero pocos toros.
En esa época no podía pensar, ni remotamente, que pudiera un día desaparecer esa plaza, cosa que ocurrirá seguramente cuando la ley entre en vigor y se recalifiquen los terrenos que ahora ocupa.
En aquellos años Barcelona era la plaza más importante del mundo, en cuan a carteles y en cuanto a público, y contaba Barcelona con dos plazas de toros, en fin, imposible que desapareciera todo aquello.


¿Por qué va a desaparecer?
Por dos motivos.
El primero es, para que engañarles, político. Finalmente Cataluña está tras un régimen nacionalista que promueve una idea del territorio catalán como un territorio enfrentado al conjunto del territorio español.
Esto no es nuevo. Viene de finales del S. XIX esta paranoilla antiespañolista.
En las últimas décadas ha habido generaciones educadas con odio hacia España y también hacia los toros por ser algo de España. Esto es lo que trae la ignorancia del nacionalismo.
En Cataluña desde siempre la gente ha sido taurina, pero como en España a los toros de les llama “fiesta nacional” se ha querido cortar con ella.

El segundo motivo es intentar mostrarse más cívicos, más humanistas; “nosotros no hacemos el salvaje” “los españoles son más salvajes que nosotros”.
Mi tierra se ha convertido en calvinista-luterana extremadamente puritana.
Este es un sentimiento que se vive muy profundamente en parte de la sociedad catalana.


Se dice que la lengua es el mayor hecho diferencial de Cataluña, pero no lo es. Sería un hecho diferencial si los catalanes no habláramos – eso sí sería diferencial – pero la verdad es que la lengua catalana es una pequeña variante del español, por lo que de diferencial tiene poco.
También se le llama “hecho diferencial” a la sardana, que es algo que inventó Pepe Ventura (un andaluz) hace solo 150 años.
Yo no sé lo que nos diferencia del conjunto de los españoles. Somos incluso de la misma religión. Como no sea el “caganet” del belén, no veo las diferencias.
Pero la verdad es que este sentimiento ha dado sus frutos en el rechazo que hay al resto de España y el rechazo que viene del resto de España.
El nacionalismo y la democracia son dos cosas que generalmente no van juntas, pues una es antagónica de la otra.

Creo que lo de los toros es ya un hecho irreversible. No veo su recuperación, e incluso creo que los toros en Cataluña se hubieran ido muriendo ellos solos, lentamente. Cada vez iba menos gente a los toros. Cuando yo salía de casa y le decía al vecino que iba a los toros, este vecino me miraba como si estuviera haciendo una ofensa a la patria.
Vamos a tener que hacer lo que hacíamos durante la dictadura cuando íbamos a Perpignan a ver las películas de cine erótico. Ahora tendremos que ir a Nimes o a otras plazas del sur de Francia para ver los toros.


Pero les digo una cosa a todos ustedes:
No hay que confiarse.
Lo mismo que ha sucedido en Cataluña puede suceder en otras partes de España, no por motivos nacionalistas, sino por la transformación que está teniendo la sociedad, una sociedad que vive totalmente despegada del mundo rural y que tiene una idea falsa del mundo animal, una idea algo infantil, tipo Walt Disney.
Es una sociedad muy puritana, que no quiere saber de dónde sale la morcilla, aunque luego se la coma.
El hecho de la muerte en público de un animal – un animal que es el que mejor vive en Europa, porque se ha respetado y cuidado su espacio vital – no es aceptado. Hay una voluntad de alejar la muerte por parte de esta sociedad. Ya no se tienen en casa los muertos, se los lleva rápido a los tanatorios.


Por tanto, cuidado, porque este envite catalán sucederá en otras partes. No sé si se aceptará, pero seguro que habrá políticos dispuestos a preparar una legislación que evite la muerte de una animal en público.


Estamos también en una sociedad prohibitivista. Tenemos 18 parlamentos que legislan compulsivamente. Cuando uno se levanta por la mañana, ya hay 10 leyes nuevas. Se está cortando la libertad individual en función, eso sí, del llamado bien común. Dentro de poco se prohibirá fumar en las plazas de toros.


Nos tenemos que preparar bien para defendernos todo el “mundo taurino” incluidos los propios profesionales, y es que a veces tenemos el enemigo en casa.
Como hemos vivido todos y venimos todos de una época gloriosa, ahora no nos sabemos defender. El conjunto de los aficionados se ha quedado inmovilizado.
Hay que estar alertas. No digo que los anti-taurinos no tengan sus razones, pero cuando se habla de sufrimiento debemos hacer ver que este es mucho menor que el que se le da a un cerdo (por ejemplo) estabulado y transportado de aquella manera.
También se dice que es un sector económico importante, pero a mí me parece esta una mala defensa. Las drogas también son un buen negocio.

La defensa se debe basas ante el hecho de que estamos ante un ritual moral.
Ocurren cosas que aparecen en la vida de forma real, sintetizadas, pero real. Y este ritual realista se nutre de la inteligencia unida al buen gusto. Todo está hay delante de una forma muy artística.
La fiesta de los toros es fantástica incluso para los niños – yo no estoy de acuerdo con la prohibición a que los niños vayan a los toros -. Yo de niño no tuve ninguna impresión. La muerte era algo natural y el peligro también.


La defensa se debe basar también en la veneración a la naturaleza. Un buen ecologista debería ser un defensor de la fiesta.  El fin de los toros supondría la desaparición de las dehesas e incluso la propia raza brava desaparecería. Se produciría un desequilibrio ecológico inmenso.
Incluso es evidente que hay una gran historia de la tauromaquia y se ha reflejado en la literatura, en la pintura, en el teatro. La tauromaquia es un arte inspirador de otras artes
Estos si son argumentos.
Si nos defendemos diciendo que es una tradición, ellos nos dirán que el garrote vil también era una tradición. No es la mejor defensa a recurrir porque a veces hay tradiciones que no son positivas.


Pero les recuerdo. Si la sociedad sigue en este camino, dentro de 30 años los toros no existen.
Si la sociedad no cambia (aunque la vida es pendular por lo que estoy seguro que la sociedad cambiará) los valores emergentes de esta son los impulsos materiales de los individuos. Si se llega a legislar sobre los toros estaremos perdidos.



Para mí los toros es el arte occidental superior, el mayor de todos, el más grande y es un milagro que se haya conservado hasta nuestros días.
Si alguno de ustedes se presentara en el ministerio – no sé si de interior, no sé si de cultura, el que sea – y le dice al ministro de turno: “se me ha ocurrido una idea; construimos una plaza con gradas para que la gente vea lo que pasa dentro, ponemos a una persona en medio de la plaza, con una capa y sacamos un toro bravo, luego unos caballos para pinchar al toro, luego le ponemos unos palos en el lomo y finalmente la persona le engaña con el capote, saca una espada, y mata al toro” Le tomarían por loco.
Si alguien quisiera, partiendo de cero, montar hoy una corrida de toros, sería imposible.
Por eso es un milagro que la fiesta de los toros haya perdurado hasta hoy. Debe existir una extraña fuerza que hace que se sigan haciendo corridas de toros, que cada vez se toree mejor, que la raza de los toros se perfeccione, no se parece en nada el toro de hoy al toro de principio del S XX, aunque puede que haya quien lo prefiera.
Incluso el aficionado tiene una mayor pasión, es más emotivo.
Los toros perduran incluso a pesar de la competencia que hoy en día hay de otros espectáculos. Antes los toros era lo único que había y hoy se puede escoger.


Pero tenemos la espada de Damocles sobre nuestras cabezas.
Este es mi mensaje.
Yo no soy nada partidario de las prohibiciones. El estado no tiene porque entrar en mis decisiones personales, incluso si estas conllevan riesgo hacia mi persona. Como sigamos por este camino se va a prohibir salir en coche porque hay accidentes.
La defensa de los toros es también, hoy por hoy, la defensa de la libertad.”

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